lunes, 19 de diciembre de 2011

Bolivia, Nueva agenda gubernamental: ¿contradicciones o falsas promesas?




Los bolivianos vivimos impregnados de “tópicos” dice un reciente libro de Carlos Malamud sobre populismos latinoamericanos (2010), probablemente tenga gran parte de razón; ya que vemos cómo en las últimas semanas comenzamos a asistir ante otro inevitable tópico: la construcción de “una nueva agenda” gubernamental.



Nadando un poco contra la actual corriente gubernamental y a riesgo de que la actual ministra de Culturas censure estas palabras como lo hizo con un libro en la pasada Feria del Libro de Chile (del cuál todos tenemos conocimiento por su contundente título), o de que algún alto funcionario de Vicepresidencia del Estado me etiquete como traidor, porque “en momentos de crisis toda disidencia es traición” (ver en este mismo suplemento el ejemplar del 6 de noviembre de este año). Propongo a Vd. amable lector recordar algunas promesas incumplidas o pendientes de cumplirse para los amantes del actual régimen y para los que no los quieren ni una pizca: puras demagogias populistas.



Un breve repaso por las intervenciones públicas del Presidente Morales debería servirnos de apoyo para recordarle con mucha dosis de nostalgia para los que una vez le apoyamos que él mismo fue el que el 21 de enero de 2006 en su posesión simbólica de Tiwanaku dijo: “también quiero pedirles, con mucho respeto a nuestras autoridades originarias, a nuestras organizaciones, a nuestros amautas; contrólenme y si no puedo avanzar, empújenme ustedes, hermanas y hermanos” y días más tarde (el 23 de enero de 2006) en el acto de posesión de sus primeros Ministros de Estado dijo y se comprometió de esta forma: “Quiero pedirle a este nuevo gabinete del pueblo entender realmente que la política es la ciencia de servir al pueblo. Si la política es la ciencia de servir al pueblo, ser autoridad es servir al pueblo y no vivir del pueblo… Quiero pedirles cero de burocracia, tiene que terminar la llamada “vuélvase mañana, vuélvase pasado mañana”. El pueblo está cansado de eso, que aporten 1 boliviano, dos bolivianos por X o Z. Eso tiene que terminar. Tenemos la tarea de dignificar la política. Yo mismo no quería entrar en la política porque el político siempre se ve como un ladrón, como farsante, como maleante; tenemos que dignificar eso, y es nuestra tarea emprender un trabajo honesto y responsable ante el pueblo boliviano”.



Resultado a día de hoy, haciendo un paralelismo musical para no aburrirle: cuando emerge una voz discordante con los ritmos desafinados de algún instrumento gubernamental, el director de la orquesta no corrige esa desafinada intervención, lo que hace es maquillarla con la entonación de otro instrumento “gubernamental” que suene y en lo posible truene más fuerte para que el público no lo note. Y eso de que la burocracia se termino ¿dónde está eso? ¿Alguien del Ministerio de Transparencia y Lucha contra la Corrupción ha elaborado algún informe destacado sobre esto, además de las numerosas demandas contra autoridades locales y departamentales usadas más como estrategia para deslegitimarlos que para luchar realmente contra la corrupción?



Por  otro lado, ¿por qué no se dice nada aún sobre quién autorizó la intervención policial de los marchistas del TIPNIS? ¿Acaso no fue el mismo Presidente quien dijo en el acto de promulgación de la convocatoria a la Asamblea Constituyente (6 de marzo de 2006): “Estoy convencido, y mucho más que convencido, que es importante la sinceridad, es importante sobre todo pensar en Bolivia, pensar y sentir y amar a nuestra Patria. No es posible que haya autoridades que ignoren a las mayorías nacionales, sin pensar y sin querer a esta Patria?”.



Casi para finalizar (aunque hay muchos fragmentos más dignos de citarse pero por obvias faltas de espacio no se los puede hacer), en su discurso de investidura en el Congreso Nacional (22 de enero de 2006) el Presidente Morales dijo que quiere cambiar Bolivia “no con bala sino con voto, y esa es la revolución democrática”; pero, hay que recordar al pueblo también que el voto no es sólo el mero hecho de asistir al acto electoral, sino que por detrás de este proceso existe un entramado tan sensible y tan delicado en términos institucionales que la mínima prueba de alteración o sospecha de fraude atenta contra todo este proceso, como pasó en las últimas elecciones judiciales, por esto es sumamente importante fortalecer la institucionalidad formal por todos los medios posibles.



Finalmente, no está demás recordar otra promesa de parte de la mano derecha de nuestro Presidente: el actual Vicepresidente lo dijo con verdadero ímpetu como si estuviera en la mismísima toma de la bastilla francesa que  hay que pensar y replantear el desarrollo industrial más allá de todo, resumiendo dijo: “Industrialización o muerte”, esto fue en su cierre de campaña de 2005 en Cochabamba.


En resumidas cuentas, ya que estamos frente a un inevitable evento de gran magnitud mediática, quiero suscribirme a otras notas vertidas en este periódico y en otros que llaman la atención a una reunión entre todos los actores, no solamente entre los amigos de siempre o los que nos sirvan en este instante; de lo contrario el resultado será como siempre un beneficio político a favor de los gobernantes de turno, prevaleciendo el cálculo político de corto plazo por encima de los interés de la nación. 

Publicado en versión editada en el periódico boliviano Página Siete, Suplemento IDEAS, 18 de diciembre de 2011, link: http://paginasiete.info/web/ideas.aspx?seccion=ideas&fecha=20111219

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