lunes, 5 de septiembre de 2011

Juventud, medios y web en tiempos de crisis

Pintura: La envidia.


Publicado en el periódico boliviano Página Siete, suplemento IDEAS, 4 de septiembre de 2011.

Una de las vertientes informativas más explotadas en los últimos meses, a propósito de las revueltas en algunos países árabes, es la que da cuenta de un curioso “despertar” de las nuevas generaciones que, unidas en torno a Twitter y Facebook, han ido armando la “revolución” social que posibilitó en algunos casos (Túnez y Egipto) un cambio repentino de sus gobernantes que permanecían por décadas en el poder.
Esta información podría hacer pensar que estamos frente a una nueva forma de organización de protesta social “online”, pero como soy un desconfiado declarado, me propuse investigar y contrastar esta hipótesis.
Resulta curioso ver cómo los índices de uso de internet en estos países son muy bajos. Repasando un reporte del Banco Mundial, en sus estadísticas de desarrollo social apreciamos que en Egipto de cada 100 habitantes tan sólo 17 acceden a internet; la lista continúa con Yemen, donde tan sólo son dos de cada 100 usan la web; Libia con cinco de cada 100; Túnez con 27 de cada 100 y Bahrein con 52 de cada 100.
Si seguimos de acuerdo con la hipótesis de los mass media, podríamos inferir que en Bahrein -el único de estos países donde más del 50% accede a la web- debería haber estallado una revuelta de proporciones.
De pronto -lo demuestran los datos- no es tan relevante el papel de internet en estas movilizaciones; quizás esto obedece a otros criterios, tal vez en realidad los medios masivos de comunicación, encabezados por la radio y la televisión, juegan un papel mucho más decisivo en la influencia de las revueltas.
Quizás esta “poderosa” juventud además de estar atenta de los chismes de sus artistas preferidos, de sus amigos, de sus enemigos, de sus parejas, de intentar hacer nuevos contactos por la red, no está muy atenta a las noticias de corresponsales o de gente que cuelga información sobre las tensiones políticas en sus propios contextos.
Transpolando esta tesis mediática al contexto boliviano, los datos dicen que en el país sólo 11 de cada 100 utilizan internet; pero mi reflexión no pretende terminar en estas estadísticas anecdóticas, más bien veamos si se puede contrastar otra tesis, la de algunos “representantes teóricos y opinadores oficiales” que aseguran que América Latina se encuentra en proceso de resurgimiento o emergencia política y económica, y se muestran extremadamente optimistas respecto de la futura gravitación del subcontinente en el contexto global.
Basta echar un vistazo a algunos de los más leídos periódicos de habla inglesa y española para constatar que la cobertura del contexto de los países “revolucionarios” de Latinoamérica, como Bolivia y Venezuela es, además de escasa, casi repetitiva: todas las informaciones se centran en movilizaciones, revueltas, corrupción, narcotráfico, etc., etc.
No hay ninguna noticia que pueda dar evidencia de una mejora en la economía nacional o de un crecimiento en tal o cuál índice de desarrollo humano. Con seguridad no faltará el defensor ideológico que diga: “Claro, es que esos periódicos son imperialistas, derechistas, oligárquicos”.
Más que intentar responder estas observaciones, basta dejar flotando otras interrogantes: ¿por qué no podemos ser diferentes a los demás sin apelar siempre a nuestra identidad y a nuestra astucia para justificarnos con una respuesta sagaz? ¿Por qué nos empeñamos casi siempre en la crítica acérrima sin proponer alguna alternativa de solución? ¿Por qué seguimos ale- grándonos cuando a alguien le va mal, pero no lo ensalzamos cuan- do algo va bien? ¿Tan difícil resulta para nuestra generación cambiar estos rasgos?

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